Ya cayó Mangas!
Días en silencio, sin noticias, alentaban algo más que preocupación, pero ¡ya cayó Mangas! Y vuelta al rudo golpe de la realidad que por irreal que parezca martillea una y otra vez las débiles conciencias agotadas por su discurrir en busca de una supervivencia más agradable en un mundo hostil creado desde las altas esferas que con nuestro inocente voto nos gobiernan.
Gente fato, cual alipendes engalanados con sus auras cargadas de ínfulas empeñados en la inquina hacía sus convecinos, tratados como insignificantes e ignorados en su conjunto.
Palabras y discursos basados en el convencimiento por arte de birlibirloque, que insisten en confundir al pueblo: nivel de vida por calidad de vida, que el amusgado aeropuerto y conciencias de quienes lo proponen como el maná del pueblo no nos congratulará con tales agasajos, obteniendo bondades para unos pocos, y perdiendo siempre calidad de vida para el común de los afligidos vecinos.
¡A buena hora mangas verdes! Es la consigna soterrada en la que encuentran auxilio las imposiciones que crecen en el oscurantismo y el mutismo, una vez finalizado el proyecto, o empezado, que protesten, poco o nada se puede hacer, indefensión siempre de quienes siendo más débiles, nos sentimos todavía mucho más tiranizados, creando en nuestras conciencias la cimentación paupérrima del nada se puede hacer, del no se puede luchar contra Goliat.
Una política de imposiciones que responde al estado actual de muchos Ayuntamientos cuyo aeropuerto no es más que una de las resultantes de estar como tres en un zapato, porque están más pobres que una puta en cuaresma.
Pero estos prosélitos dirigentes que más hablan por boca de ganso que por propio convencimiento, cada vez más curtidos y camuflados en los vericuetos de leyes que ellos mismos producen, quieren engarlitarnos, basándose en la fatada que sus necesidades son las nuestras, tocando nuestros atorazados bolsillos que se han convertido en nuestro corazón sangrante, consecuencias de estos galifates políticos empeñados en apachurrar el sentido común, como la royega ataca al árbol.
Amdyaz.
Tags: navalcarnero, opinión