Viernes, 18 de septiembre de 2009

Llega la ciudad a Navalcarnero y con ella las muestras y muestrarios de “arte urbano” de quienes ejerciendo su libertad actúan despóticamente emborronando paredes que no forman parte de su escenario.

Llegan desarraigados, como errantes vagabundos que circulan por las calles del pueblo sin rumbo y sin dónde ocupar sus ociosidades, lejos, muy lejos, de una mente creativa que pueda ilustrarnos y obnubilarnos por sus talentos innatos. Allá donde el horizonte se pierde, inalcanzable, debieron dejar su ingente creatividad y ahora, a los mortales, con su tiránico muestrario de trazos cuasi infantiles rubricados con esmero y delicadeza, toda la que el tiempo puede dar, avergonzados de su talento poco amoldado a sus edades, se nos invita a contemplar con estupor la mediocridad de sus firmas estampadas en la confusión que les produce el blanco, inmaculado o no, cuyos fulgores hacen confundir paredes con lienzos, posiblemente, tales trazos no sean más que la señalización del camino de regreso de alguien  proclive al alzhéimer o la demostración de su propia regresión, que váyase a saber qué se podrá encontrar en dicho habitáculo, que se instala sobre los hombros cuyo agujero negro no deja luz que vislumbre quehaceres más artísticos.

Ya han llegado, gérmenes de ciudad, aspirantes a líderes de la nada que intentan mostrar cada día sus proezas, para halagos presentes y futuros que nacen bajo el abrigo de la mediocridad de quien también les acompañan, incondicionales dependientes siempre de un director de orquesta que les haga bailar a su ritmo. Ahí queda la muestra vulgar y hasta de barata arrogancia del valiente que se esconde por no saber o no tener talento para crear. Pero dejémosle unos minutos o incluso unas horas de gloria, en las que se verá reconfortado y tal vez tenga la suerte que  sus acólitos puedan valorar su afrentosa osadía, y compartir su “talento” con el resto de los humanos para que podamos comprobar dónde se encuentra la evolución, o mejor aún, la involución del ser humano, la muestra, sin disimulos, de cual mugre le asola al enjuto individuo que  busca desesperadamente en las paredes del pueblo la realización de su yo en un mundo que le ignora y le ignorará su ensanche de miras más allá de esos dos dedos que despejan su frente. Queda patente su pueril comportamiento como ejemplo y esperanza que la vida le haga mostrar cuan tontería puede germinarse y cuanta más necesita para ganarse un nombre.

 Reclamemos un lugar para su exposición.

La imaginación es la liberación del hombre, privilegio de todos pero que desgraciadamente sólo la atesoran unos pocos “elegidos”. En otros pocos, la estupidez reina y sólo pueden dominarla con otra estupidez mayor. El resto, el común, nos esforzamos por admirar a quienes crean, inventan, esforzados para que siga floreciendo y floreciente su creatividad, forjando, salvando y haciendo disfrutar al mundo. Y como decía Anatole France: “Un necio es mucho más funesto que un malvado, porque el malvado descansa algunas veces y el necio jamás. Esperemos que tal muestra de “arte urbano” sea obra de un pillo malvado que no de un necio porque destruir sabemos todos y crear es un “don” que exige razón y dedicación.

 


Tags: navalcarnero

Publicado por amdyaz @ 1:29
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